«Calladas y obedientes» es un reportaje de título que abarca la normalización de las conductas machistas dentro de las iglesias cristianas, donde se legitima la violencia de género eclesiástica. Ante esto, el equipo indagó en iglesias con características «sectarias» para visibilizar estas manipulaciones y represiones en contra de las mujeres.
Este tema surgió cuando Matías Figueroa, uno de los realizadores del reportaje, estaba en segundo año y propuso esta pauta para una nota informativa. Al escuchar el tema, el profesor Jorge Rivas le recomendó guardar esta problemática para investigarla en mayor profundidad en el reportaje de título.

Sobre la hipótesis inicial, Matías explica que «tenía como enfoque original el ámbito económico, en el que se buscaba demostrar la falta de regularización dentro de las comunidades cristianas, permitiendo que el pastor influenciará a sus fieles con el fin de obtener un beneficio económico«.
Al avanzar con la indagación del tema, se dieron cuenta que el problema más profundo era que estas prácticas se ejercían por medio de la manipulación bíblica del pastor, reconociendo entre ellas la violencia de género. A su vez, recibieron a través de redes sociales el testimonio de Lidia, cuyas vivencias los llevaron a la hipótesis final.
Violencia en el nombre de Dios
El profesor guía de este trabajo, Jorge Rivas, destaca que «como equipo tuvieron la capacidad y la flexibilidad de darse cuenta de que el tema iba por la segunda hipótesis. Además de que todo el material que habían reunido y el trabajo que llevaban hasta ese minuto les dio la seguridad para tomar la decisión de que ese era el camino donde podían encontrar la novedad que se necesita para un reportaje de título».

El principal desafío fue demostrar que la normalización del sistema patriarcal es la causante de prácticas que validan la violencia de género eclesiástica hacia la mujer cristiana y que, en estos cultos, muchas vece se lleva a cabo la violencia machista en el nombre de Dios.
Sobre los obstáculos que tuvo la realización de este material, Figueroa relata que «indagar con cámara oculta fue el mayor desafío y dificultad, ya que implicaba un desafío ético además de correr el peligro de ser descubiertos e incluso agredidos. No queríamos perder nuestra investigación o que nos cerraran las puertas en algunos cultos. Sin embargo, debíamos mostrar esta realidad desde dentro y optamos por grabar con cámara oculta, guiándonos por textos de investigaciones periodísticas que utilizaron este método para obtener información».